Durante 2025 se volvió cada vez más común escuchar la misma frase, repetida con distintos tonos:
“Las marcas personales ya no funcionan como antes.”
A veces aparece como lamento, otras como advertencia, otras como promesa de una “nueva era más profunda”.
Y, en el fondo, la frase no es falsa. Algo efectivamente cambió.
Pero hay algo que me incomoda de cómo se está interpretando ese cambio.
Te están diciendo que tu marca necesita más profundidad.
Más pensamiento estratégico.
Más sustancia intelectual.
Pero ¿y si el problema no es lo que contiene tu marca, sino la idea misma de tenerla?
Durante meses, hemos normalizado un discurso: la era del personal branding superficial terminó. Ahora toca el liderazgo intelectual, los marcos conceptuales, la “profundidad”. Cambiamos memes por datos y viajes por hilos sobre productividad.
1. EL ESPEJO QUE TE DEVUELVE UNA DISTORSIÓN CÓMODA
Antes bastaba con mostrarte. Con documentar tu viaje. Con generar cercanía y aspiración.
Hoy el público está saturado, escéptico, exhausto.
Este diagnóstico te convierte en paciente de tu propio síntoma. Si la gente no conecta, es porque tu contenido no es lo bastante “intelectual”. Si no hay engagement, necesitas un marco más sofisticado. Si no despiertas admiración, tu pensamiento no es lo suficientemente “propio”.
La trampa está en la misma pregunta: “¿Cómo mejoro mi marca?”
La pregunta asume que la marca es el vehículo necesario. Que tu relevancia, tu influencia, tu valor en el mercado dependen de esa construcción narrativa pública. Y por tanto, cualquier problema se soluciona añadiendo capas de complejidad intelectual.
Pero ¿y si la pregunta estuviera mal formulada desde el principio?
2. LA CONFRONTACIÓN: TU MARCA NO ES UN ACTIVO, ES UNA DEUDA DE ATENCIÓN
Imagina por un momento que tu “marca personal” no es un activo que acumulas, sino una deuda que contraes.
Cada post, cada hilo, cada aparición pública es un compromiso futuro: tendrás que generar más contenido, mantener la coherencia, alimentar la expectativa, defender tu territorio intelectual.
Lo que llamas “branding” es, en realidad, un sistema de mantenimiento costoso en un mercado donde la atención no se acumula, se alquila por horas.
El marco alternativo no es “cómo construir una mejor marca”. Es:
¿Qué estás evitando construir porque estás demasiado ocupado manteniendo tu presencia?
Mientras curas tu feed, ¿qué decisiones no estás tomando en tu negocio real?
Mientras refinas tu “discurso único”, ¿qué experimentos reales estás postergando?
Mientras mides likes en tu última reflexión, ¿qué métricas del mundo físico estás ignorando?
La marca personal no está muriendo. Se está convirtiendo en el refugio elegante de quienes prefieren la apariencia de influencia a la incomodidad de construir algo que no dependa de aplausos.
3. LA EVIDENCIA INCÓMODA: LOS QUE NO TIENEN MARCA (Y DOMINAN EL JUEGO)
Observa con atención.
Los que realmente están redefiniendo industrias no están optimizando su branding intelectual. Están operando en modo silencioso.
- El consultor que dejó de publicar en LinkedIn porque sus clientes llegan por referencias de otros clientes, no por sus hilos virales.
- La investigadora que no tiene “presencia pública”, pero cuyo framework interno usan tres empresas Fortune 500 sin que nadie fuera de esas empresas conozca su nombre.
- El productor que desaparece durante meses y regresa con algo que funciona independientemente de su narrativa personal.
No es que hayan rechazado el pensamiento profundo. Es que han subordinado su expresión pública a su construcción privada.
Su “marca” no es un escaparate. Es la consecuencia residual de un trabajo que existiría aunque nunca lo contaran.
4. EL PUNTO DE RUPTURA: CUANDO EL PENSAMIENTO SE CONVIERTE EN PERFORMANCE
La ironía más grande del momento actual es esta:
Cuanto más te esfuerzas por demostrar tu profundidad intelectual públicamente, más te acercas a convertir tu pensamiento en un producto de entretenimiento para una élite educada.
Tu “marco conceptual” se juzga por su claridad expositiva, no por su utilidad en condiciones reales.
Tu “discurso único” se valora por su distinción retórica, no por su capacidad para cambiar comportamientos.
Tu “profundidad” se mide por engagement, no por impacto tangible.
Estás optimizando para el juicio de tus pares, no para la creación de valor real.
Y el mercado, tarde o temprano, detecta la diferencia.
LA PREGUNTA QUE DEFINE LA PRÓXIMA DÉCADA
No es “¿cómo hago que mi marca sea más inteligente?”
Es:
¿Qué estás dispuesto a dejar de hacer públicamente para empezar a construir algo que importe cuando dejes de hablar?
La respuesta no es un framework.
No es una estrategia de contenido.
No es un reposicionamiento de marca.
Es una elección entre dos caminos irreconciliables:
Seguir siendo una interfaz optimizada para consumo ajeno.
O convertirte en una infraestructura que funciona incluso cuando nadie está mirando.
El primero te dará visibilidad.
El segundo, autonomía.
Y en un mundo donde la atención es cada vez más volátil, solo una de estas opciones se traduce en poder real.
Tú decides en qué lado de esa ecuación quieres estar cuando la siguiente crisis de atención llegue.